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Desde la psicología, la psiquiatría y las ciencias del deporte, se está observando un fenómeno cada vez más común: la transformación de herramientas diseñadas para mejorar la salud en fuentes de ansiedad, presión y pérdida de bienestar.

Los relojes inteligentes, anillos como Oura, pulseras de actividad y aplicaciones de salud aportan información valiosa sobre sueño, frecuencia cardíaca, recuperación, actividad física y otros indicadores. El problema no está en la tecnología, sino en la relación que algunas personas desarrollan con ella.